domingo, 5 de febrero de 2012

Hueso, carne y sangre.

Respira una vez.
El embeleso mortal en el que el mundo se ve sumergido no es casualidad. Conocemos el grito callado de una ciudad que se despedaza, una esencia humana que nos vio nacer, crecer y alejarnos… alejarnos hasta que ya no pudimos regresar.
Respira dos veces.
Esta es la historia, la primera historia, no una amnésica historia contada desde la mitad, ni una irónica historia nunca contada. Esta es la historia, la infinita historia.
Respira tres veces, cambia.
Nuestra naturaleza nos ha condenado, los ojos están cerrados pero el cuerpo está cada vez más abierto, se nos escurre todo lo que fuimos… y apesta. La vida en la que erramos nos perdona y nos abandona no sin antes hacernos pasar la vergüenza de aceptar que fue todo nuestra culpa. Como siempre.
Detente, muere.
La sangre deja de fluir desde tu corazón porque tú ya no existes, sin embargo, tu cabeza hierve de vida… tu destino te escupe en la cara pero ya no te importa, tú ya no existes. Comienza la breve historia de lo que sigue después de ti.
Levántate y vete.

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